Decide la participación;no se descartan sorpresas
Publicado en La Vanguardia (España)
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El PSOE necesita un umbral del 72%; por debajo, el ´sorpasso´ del PP es posible
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EL 13-M DE 2004 QUEDA ATRÁS. Jornada de reflexión sin incidentes: emoción en Mondragón y ‘guerra’ de SMS
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ATENCIÓN AL RECUENTO. Hay 16 escaños que bailan por un muy escaso margen; la noche puede ser larga
Fulminada la campaña electoral por el asesinato de Mondragón, más de 35 millones de ciudadanos están llamados hoy a las urnas en unas circunstancias, de nuevo, sombrías. Por segunda vez en cuatro años, España decidirá su futuro político bajo estado de excepción emocional. La posibilidad de un atentado antes de que cierren los colegios electorales era anoche considerada por el Ministerio del Interior.
España, condenada a no desprenderse nunca del halo de la tragedia – en eso consiste el Ruedo Ibérico-, se ha convertido en un caso único en Europa y acaso en todo el orbe democrático. Dos serán las legislaturas consecutivamente condicionadas por el terrorismo.
La historia, sin embargo, nunca se repite. Siempre parece querer volver, pero nunca acaba de hacerlo. Ayer no se repitió el drama del sábado 13 de marzo del 2004. La jornada de reflexión (cuya utilidad es cada vez más cuestionable en tiempos de la información instantánea), discurrió sin incidentes. Fue un día de relativa calma, presidido por los funerales de Isaías Carrasco en Mondragón, a los que, por prudencia y respeto, no asistieron los dos principales candidatos en liza. El Gobierno estuvo representado por la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega.
Fue, en su más honda sustancia, un acto de hermandad del socialismo vasco, expresión política de una sociología tenaz. Fuerte. La voz de Sandra Carrasco, hija del trabajador asesinado, definió el tono emocional de la jornada. Con gran entereza, Sandra pidió que la indignación por la muerte de su padre se traduzca en una afluencia masiva a las urnas. Sandra expresó los sentimientos de su familia y a la vez los insertó en un cuadro político.
La jornada transcurrió sin incidentes, lejos, muy lejos de aquel sábado al borde del ataque de nervios de marzo del 2004. Hubo paz en la guerra.Hubo mucho tráfico de mensajes políticos por las antenas de la telefonía móvil. Hubo miles de SMS en circulación. Lo que en el 2004 fue radical novedad, hoy ya es costumbrismo.
El mensaje pro PSOE recordaba una frase de Pablo Iglesias ( “los socialistas no mueren, se siembran”) y apelaba a la participación: “Frente a las balas, llenemos las urnas de votos”.
El pásalo pro PP recordaba, cómo no, a la niña de Rajoy. “Soy la niña de Rajoy, el PSOE ha vuelto a ganar, mis papás se han ido los dos al paro, las hipotecas han seguido subiendo y han perdido el piso de treinta metros…”
Emotividad y economía, las dos claves de la campaña interrumpida bruscamente el viernes. Hubo guerra de SMS, especialmente en la ciudad de Madrid, pero nadie perdió los papeles. El PP, partido sólido, demostró tener bien controladas sus pulsiones más duras y extremas.
La participación es la clave de la jornada. Existe un cierto consenso entre los sociólogos al respecto. Una participación superior al 72% del censo podría ser garantía de una victoria nítida del Partido Socialista. Por debajo de ese umbral, todo es posible, incluido el sorpasso del PP. Se calcula que hay unos 16 escaños muy volátiles, cuya asignación puede depender de un puñado de votos, entre 200 y 300 votos en algunas provincias.
Un consejo, por lo tanto, para quienes a las ocho de la noche conecten con la radio y la televisión: los sondeos a pie de urna, los famosos exit-polls,también llamados israelitas en el argot político, pueden ser hoy muy engañosos. Pueden acertar la tendencia del voto, las grandes corrientes, pero fallar estrepitosamente en la asignación de escaños. Habrá que seguir el recuento oficial minuto a minuto. Puede ser una noche con sorpresas.
Los sociólogos y el runrún de las encuestas que estos días manejan los partidos coincidían ayer en señalar que el atentado de ETA en Mondragón (Arrasate) puede que no haya modificado la intención de voto de una manera significativa, aunque sí podría resultar un estímulo para la participación, a modo de respuesta cívica a los terroristas. En la medida en que el llamamiento a la participación no puede ser considerado un mensaje partidista, el Gobierno insistió ayer en este punto, a través de su portavoz oficial. “Hoy faltará un voto”, dijo Fernando Moraleda en conferencia de prensa.
Otra de las sensaciones reinantes es la de un posible aumento del bipartidismo, sesgo que ha caracterizado toda la campaña electoral. Es altamente probable que hoy PSOE y PP consigan sumar más escaños que nunca. Y el asesinato de Mondragón puede haber acentuado la tendencia. Con lo cual, en esta noche incierta – que puede deparar sorpresas- podría germinar la siguiente paradoja: un robustecimiento de los dos partidos llamados nacionales – tendentes al empate-, con el consiguiente margen de maniobra para las minorías nacionalistas, también llamadas periféricas,que podrían ver mermada su representación parlamentaria. En pocas palabras, los dos grandes podrían ser más grandes, dependiendo más de los pequeños, que podrían ser más pequeños. He ahí un buen argumento para los defensores de la reforma de la ley electoral (blindada por la Constitución), que crecerán como setas en los próximos cuatro años.
Y también llega el día de la verdad para la economía. A partir de mañana lunes, superadas las cautelas electorales, comenzaremos a saber sin tantos velos lo que nos espera. Los vientos que soplan desde Estados Unidos no son buenos. Ese será el verdadero signo de la nueva legislatura.
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