España ante su fantasma

Consideraciones de urgencia sobre el atentado de Mondragón: por Enric Juliana, La Vanguardia (España)

 1) Como en una tragedia griega, la democracia española parece condenada a un destino: dirimirse bajo la sombra de la violencia. Bajo el sable militar, bajo la pistola del cinismo nacionalista, o bajo la mochila explosiva del fanático del Islam. En algún modo, entiéndase bien, sólo en algún modo, el asesinato de Isaías Carrasco contiene una mayor maldad que la salvajada del 11-M en Madrid. La maldad del cinismo. El deseo de ‘recrear’ lo ya vivido. El terrorismo como ‘oscura divinidad’.


2) En parte, sólo en parte, los terroristas han conseguido su objetivo. La historia vuelve a girar sobre sí misma. En estos momentos, la principal preocupación de los partidos políticos, sobre todo del PP, es evitar la repetición de los errores de marzo de 2004. No transmitir a la sociedad el más mínimo deseo de ganar las elecciones a costa del asesinato de Mondragón. José Luís Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han estado bien en sus intervenciones. La iniciativa de convocar a los partidos y a las fuerzas sociales está tarde en el Congreso de los Diputados es óptima. Pero…

3) Pero todo sería más fácil y mucho menos terrible, si a lo largo de la legislatura el terrorismo, como ya ocurrió en el mandato 2000-2004, no se hubiese convertido en el gran caballo de batalla. Todo sería hoy mejor, si José Luís Rodríguez Zapatero, empeñado en ser el principal protagonista de una legislatura ‘heroica’, no hubiese llegado a la conclusión de que podía negociar el final de ETA sin el concurso del primer partido de la oposición. Y todo hoy sería mejor, por supuesto, si el grupo dirigente del Partido Popular -con José María Aznar a la cabeza, pues es él quien de verdad ha seguido mandando- no hubiese llegado a la conclusión de que bajo ningún concepto se podía permitir que el PSOE pusiese fin a ETA… El pecado principal de la legislatura está ahí: de cuerpo presente.

4) Ese desencuentro ha dejado en manos de los terroristas la posibilidad de erigirse en protagonistas últimos de la campaña electoral. Alien, el octavo pasajero, se ha colado de nuevo en la cabina de mando, porque los oficiales no han cerrado bien la puerta. Pero no hay alternativa. La abstención no es alternativa. Y los partidos pequeños van a sufrir. Los nacionalistas ensimismados -sobre todo en Catalunya- van a sufrir.

5) La campaña electoral se ha evaporado. Y con ella sus banalidades. Adiós a la niña de Rajoy, adiós a la ceja de Zapatero. Atención: banalidades necesarias. El imperio de la democracia no es una película de arte y ensayo. La libertad contiene siempre banalidad; deberemos ir acostumbrándonos a esta idea. Pero ante la Muerte, la banalidad huye.

6) Disminuida la banalidad y sus efectos corrosivos, todo el mundo se siente concernido. Emerge el sentimiento de comunidad. De nación, si se le quiere llamar así. Habrá más participación en las urnas, y no es seguro que todo ese plus de participación beneficie exclusivamente al PSOE.

7) ¿Alguien se acuerda hoy de la teoría conspiratoria del 11-M? Sus autores, cínicos no banales, deberían pagar por ella.

Notas relacionadas publicadas por La Vanguardia

Todavía no hay comentarios

Replica